¿Para qué se va a un café de la muerte?

Los clientes de las cafeterías que llevan a cabo este tipo de sesiones ponen el tema de la muerte sobre la mesa.

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¿Para qué se va a un death café?

Quien se pasa por un café de la muerte va, además de a tomarse un refrigerio, a mantener con otros parroquianos una conversación en torno a la experiencia de la mortalidad. ¿Truco comercial? Sin duda, pues mucho hay que remover para dar con una alguna idea que atraiga clientes en este desorbitado mundo consumista, donde parece estar todo inventado.

 

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Sin embargo, hay que señalar la aportación humanística y filosófica de la iniciativa, pues ofrece un espacio donde hablar sin tapujos sobre el tema, a veces tabú, del final de la existencia.

 

La idea se le ocurrió en la localidad suiza de Vissoie a un sociólogo llamado Bernard Crettaz, inspirado por rituales católicos como el Día de los Muertos y por recordadas aventuras adolescentes en cementerios. Así nació el denominado Movimiento Café Suizo Mortal. La primera velada tuvo lugar en 2004, en el restaurante de un teatro de la ciudad helvética de Neuchâtel.

 

La cosa funcionó y en el año 2010 se organizó una de estas sesiones en París, experiencia que recogió el periódico británico The Guardian. El artículo emocionó al londinense Jon Underwood, que fue el impulsor definitivo de la idea desde varios cafés del este de Londres y a través de la página web deathcafe.com.

 

Actualmente ya se pueden encontrar cafés de la muerte en muchos países, incluido España, donde la pionera fue la cafetería de A Coruña El Hacedor de Charlas al organizar el primer death café en 2014. Otros se han ido sumando después, como es el caso de la panadería Mamia de Vitoria.

Etiquetas: cafécuriosidades

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