La Voyager 1 recurre a sus propulsores tras 37 años inactivos

A 21.000 millones de kilómetros de distancia, la desgastada sonda espacial tendrá que utilizar este sistema de energía para seguir enviando información a la Tierra.

 

Con el paso del tiempo, el equipo del Voyager ha observado que estos dispositivos se han ido degradando. Y es que los propulsores cada vez necesitan más bocanadas para emitir la misma cantidad de energía que antaño. Por ello, desde 2014 se hizo un seguimiento de este desgaste y empezaron a plantearse cómo solucionar el problema.

Un grupo de expertos en propulsión, formado por los investigadores, Chris Jones, Robert Shotwell, Carl Guernsey y Todd Barber, analizaron las opciones y predijeron cómo respondería la nave en diferentes escenarios. Acordaron una solución inesperada: el trabajo de orientación se cedería al conjunto de los 4 propulsores que habían estado dormidos durante 37 años.

 

El 28 de noviembre de 2017 los investigadores de la NASA enviaron una señal a la sonda espacial para reactivar dichos propulsores, inactivos desde 1980. Han sido necesarias 19 horas y 35 minutos de espera para que ese mensaje llegara a la sonda, y no fue hasta el día 29 cuando pudieron verificar que efectivamente la sonda contestaba de forma correcta, indicando que se habían activado los propulsores en soplos de 10 milisegundos.

"El equipo de vuelo de la Voyager ha extraído datos de hace décadas y examinó el software, que estaba codificado en un lenguaje obsoleto, para garantizar que pudiéramos probar los propulsores de forma segura", asegura Jones.

Dos o tres años más de vida útil

Se estima que esta actuación permita alargar la vida útil de la sonda entre dos y tres años antes de que su batería se agote completamente. En ese momento, sus generadores de radioisótopos termoeléctricos no serán ya capaces de suministrar la energía suficiente.

La prueba del propulsor ha sido de tal éxito que es probable que el equipo haga una prueba similar en los propulsores de la Voyager 2, la nave espacial gemela de la Voyager 1. Por fortuna y a diferencia del primero, los propulsores de control de actitud de la Voyager 2 aún no están tan desgastados. Esta última sonda también está en camino de ingresar al espacio interestelar en los próximos años.

Etiquetas: tecnología

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